A continuación os dejo un fragmento de "Dejarlo es posible"
Marta nació e el seno de una familia normal y corriente en la que, los fines de semana, era costumbre tomar una cerveza antes de comer, beber vino durante la comida y, ocasionalmente, cava al final. Nada fuera de lo normal. Creció sin ninguna conciencia de riesgo sobre las consecuencias que el consumo de alcohol podía tener en ella. Cuando cumplió 15 años su padre la dejó brindar con cava, y no él ni ella pensaron que ese primer gesto, muy común en la mayoría de las familias, iba a ser el inicio de su adicción al alcohol y las otras sustancias.
Marta era la menos de tres hermanos, y desde muy pequeña había acaparado la atención de sus padres. La habían consentido mucho y no le habían enseñado a gestionar la frustración. Les concedían todo aquello que se le antojaba. Nada, tampoco, fuera de lo habitual. A diferencia de sus hermanos, era muy buena estudiantes, y por eso sus padres no pensaron que pudiera tener ningún problema con el alcohol. Es más, la ponían como un modelo ante sus hermanos. Marta sacó buena nota en selectividad y entró en Medicina, una carrera difícil, pero que a ella la motivaba.
En la época del instituto, Marta no se perdió ni una salida nocturna los fines de semana, y raro era el día que no llegaba borracha a casa. Pero como se comportaba correctamente y sacaba las mejores notas sus padres no lo tuvieron en cuenta. Lo normal de la juventud. Pronto desarrolló tolerancia al alcohol, bebía y aparentemente no se le notaba. Terminó la carrera, pero ya no con la mejor nota. Su rendimiento en los estudios había ido disminuyendo, aunque nadie pensó – desde luego, ni ella misma- atribuírselo a su incipiente adicción. Pero el alcohol de cada fin de semana iba haciendo mella en ella. Hizo el MIR y sacó una buena plaza, con lo que podríamos decir que triunfó. Estaba pasando por lo que los especialistas llaman silencio clínico. Y ella, brillante médica, no lo sospechaba. Después de unos años de ejercer, ingresó, a los 34 años, en un centro para superar su alcoholismo.
Allí comprendió que beber con moderación, como había empezado a hacer en su juventud y como, a pesar de sus excesos, creía que había seguido haciendo hasta que su mundo comenzó a desintegrarse puede ayudar a algunos a no ser alcohólicos, pero no a otros. Para ella, esa moderación, ese <<Yo controlo>>, fue una trampa cruel. Marta escuchó en el centro por primera vez lo que era tolerancia y lo que significaba el silencio clínico. Y supo salir adelante. Llegó tarde, pero aún a tiempo.
http://www.pedrogarciaaguado.com/blog/marta-y-el-alcohol-una-historia-cualquiera-y-real
Sara.G
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